Al estilo Molina Morillo, sin pretender serlo

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Por: German Marte
Con el respeto y el cariño que le tengo, aun después de haberse mudado “a la habitación de al lado”, esta semana quiero dedicar mi artículo al doctor Rafael Molina Morillo, maestro del periodismo, y quien me dispensara un trato respetuoso, más que de jefe, de un amigo y consejero.

Tuve el privilegio de llegar a conocerlo lo suficiente, como para saber que él también hubiera valorado y compartido con los lectores de EL DÍA el mensaje que me envió mi buen amigo D. A. y que transcribo a continuación:

“Hoy estuve pensando en la mala costumbre que tenemos los humanos de valorar algo solamente en su ausencia”.

Valoramos el dinero cuando nos falta. Valoramos el tiempo cuando estamos muriendo. Valoramos la familia cuando la perdimos. Valoramos el frío cuando hace calor, y deseamos que haga calor cuando hace frío.

Nos quejamos porque tenemos que ir a trabajar, y si no tenemos trabajo también, porque nos falta, y entonces es cuando se valora el trabajo, sea cual sea.

Solamente cuando recibimos un golpe bajo dejamos de posponer la vida para después.

Vivimos de recuerdos del pasado, o anhelando un futuro que no sabemos si avanzamos a alcanzar… mientras sufrimos el presente como si nos encontráramos en una prisión sin salida.

Nos quejamos de nuestros hijos pequeños y, luego, cuando crecen, deseamos que vuelvan a ser niños. Vivimos discutiendo con nuestros padres, y cuando mueren anhelamos con todo nuestro ser poder retroceder el tiempo y darle tan solo un abrazo más.

Nos quejamos de todo lo que nos falta y nos olvidamos de disfrutar de lo que tenemos. El ayer ya pasó, y el futuro es incierto. Solamente nos queda vivir aquí, y ahora y sembrar lo mejor que tengamos, confiando en que vamos a cosechar lo mejor después.

¿Por qué esperar para decir te amo? ¿Por qué no luchar hoy por lo que deseas? ¿Por qué guardarte sonrisas, abrazos, y besos? ¿Por qué no pedir perdón?

Nunca creemos que se nos puede acabar el tiempo, hasta que se nos acaba. Nunca creemos que podemos perder algo, hasta que lo perdemos. Nunca creemos que vamos a morir, hasta que estamos muriendo.

¿Por qué no mejor disfrutar del Sol cuando está brillando? ¿Por qué no dejar que la lluvia nos moje, cuando está lloviendo? ¿Por qué no reír cuando estamos felices, y llorar cuando sufrimos? Sufrir también es vivir.

Que duela también es señal de que puedes sentir. Sentir, todavía, es señal de que hay esperanza.

No esperes enterarte de que estás muriendo para empezar a vivir. La vida es solo esto, el aquí y el ahora. No la dejes escapar!”.

Hasta aquí el mensaje que me envió D. A. Hasta aquí lo habría dejado el doctor Molina Morillo.

Lamentablemente no tengo la capacidad de síntesis que le caracterizaba al dar los buenos días.

Por eso necesito este último párrafo para preguntar si acaso los dominicanos valoramos lo suficiente la democracia como para levantar nuestras voces y brazos para detener las pretensiones de políticos ambiciosos que solo piensan en sus intereses particulares, sin importar el daño que hacen a la presente y futuras generaciones.

germanmarte4@gmail.com

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