Discurso Canciller Miguel Vargas en su primera visita Haití

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Puerto Principe.- A continuación el discurso íntegro del canciller dominicano Miguel Vargas Maldonado en su primera visita a Haití.

Señoras y Señores:

Agradezco muy sinceramente la invitación que me ha formulado el Gobierno haitiano para visitar Puerto Príncipe e intercambiar ideas sobre el desarrollo de las relaciones bilaterales a lo largo del nuevo período de gobierno del Excelentísimo señor Presidente Danilo Medina.

El propósito es sostener hoy un diálogo franco y sincero, en el que las coincidencias superen ampliamente las diferencias. No es casual que haya escogido Haití como el primer país a visitar en mi recién inaugurada gestión al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana.

Somos una isla con dos estados independientes que ha producido realidades nacionales marcadamente diferentes, sin las tensiones propias de países a los cuales la vecindad y la historia añeja, paradójicamente, han convertido en rivales eternos.

Ambos países han asumido la búsqueda incesante de la libertad como causa irrenunciable, y opuesto a la intromisión extranjera la vocación soberana de pueblos que han sufrido en carne propia la tragedia de las ambiciones imperiales.

La diversidad, más que un escollo, es factor que añade riqueza y variedad a este lado del Caribe, cuyo potencial turístico aún no se ha desarrollado plenamente. La cercanía nos aproxima y estrecha en un abrazo solidario para buscar soluciones comunes a los retos derivados de la globalización, la adaptación al cambio climático, la preservación de nuestras riquezas naturales y la urgencia de políticas que se correspondan con las expectativas de nuestros pueblos.

Se trata de realidades que reclaman la necesidad de trabajar como vecinos hermanados por una geografía relativamente pequeña, con la densidad poblacional más alta de las Américas. A la vuelta de 20 años, en las 29 mil quinientas millas cuadradas de La Española habrá alrededor de 40 millones de habitantes, lo que planteará serias presiones a nuestros recursos hídricos, bosques, mares y tierras fértiles, ya que estamos obligados a garantizar la seguridad alimentaria a nuestros pueblos.

La degradación del medio ambiente no reconoce fronteras; tampoco las virulencias que atacan a los cultivos y a nuestras poblaciones más desvalidas. Debemos dejar a un lado lo que nos desune y acometer una agenda de acción a partir de los puntos en que debe sustentarse una verdadera amistad y que dé paso a nuevas ideas de cómo relacionarnos comercial y culturalmente sin perder nuestras características individuales, de las cuales ambos países nos sentimos orgullosos.

Es hora, pues, de que la solidaridad y el respeto mutuo se fortalezcan como base de un puente que acorte diferencias. No obstante los muchos avances logrados en los últimos años, es mucho lo que nos falta aún para alcanzar una efectiva política de cooperación, de intercambio de bienes y de servicios y de adopción de posiciones comunes en foros internacionales de particular importancia para nuestras naciones vecinas. En este punto, la confianza recíproca es indispensable.

Ambas partes debemos trabajar en reglas claras que regulen el comercio y garanticen la inversión, con mecanismos eficientes que permitan sortear las rutas de colisión. La existencia de sinergias es evidente, como ha quedado demostrado con las empresas de mano de obra intensiva que se han instalado en el norte haitiano con capital dominicano.

Este ejemplo debe ser emulado para que a lo largo y ancho de la zona fronteriza construyamos empresas rentables, dinámicas, que generen puestos de trabajo y divisas.

A corto plazo, es imperativo que pensemos en un acuerdo de comercio mutuamente satisfactorio con la mira puesta en empresas de capital mixto y con capacidad para solventar la demanda a ambos lados de la frontera y más allá.

Ha llegado el momento de sentarnos a discutir seriamente un tratado que dinamice el flujo de comercio bilateral, que genere riquezas a ambos pueblos y que fortalezca los vínculos históricos de intercambio comercial, sin trabas y sin objeciones más allá de las que impongan las normas internacionales de comercio.

Estamos comprometidos con la seguridad local y regional, en particular la lucha contra el narcotráfico y otros ilícitos internacionales como el trasiego de armas y la trata de personas por grupos criminales transnacionales. Son áreas en las que debemos trabajar mancomunadamente porque constituyen un desafío sin precedentes para la gobernanza y el estado de derecho.

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