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Venezuela tiene los días contados como miembro de la OEA

Ya sea por expulsión, suspensión o por abandono precipitado, la Venezuela de Nicolás Maduro tiene los días contados en la Organización de Estados Americanos (OEA).

La despedida parece inminente, a falta de que el bloque de países detractores arañe los 18 votos necesarios para provocar una asamblea extraordinaria. Una suspensión que sería histórica (con anterioridad solo la sufrieron Cuba y Honduras tras el golpe de Estado contra Manuel Zelaya en 2009), pero a la que se quiere adelantar Caracas.

El hijo de Chávez aseguró que hará fiesta nacional el día que la abandonen y que además ha ordenado a su canciller que no vuelva jamás a sus reuniones, tras la soberana goleada recibida por su diplomacia en Washington. “Es un ministerio del imperialismo, un organismo inútil”, se justificó el primer mandatario.

Los cancilleres hicieron un trabajo en equipo para desnudar el traje democrático con el que se viste el chavismo. Hasta que llegó el chileno, Roberto Ampuero, reconocido intelectual y escritor, de reciente nombramiento y todavía en shock por la catarata de insultos y amenazas desplegada por el representante bolivariano durante toda la jornada.

“Si esta es la forma en la que el canciller Arreaza trata a personas diplomáticas, que representan a otros estados, a otros gobiernos y que están en un tercer país, imagínense ustedes como trata a los venezolanos que están bajo su poder, que no tienen un pasaporte distinto y están dentro del país sufriendo el hambre, la penuria y la represión”, disparó el ministro de Exteriores, quien acusó a su homólogo de representar a la perfección al “régimen dictatorial de Venezuela”.

Chrystia Freeland, canciller de Canadá, abogó por exigir a la Corte Penal Internacional “que actúe contra los responsables de los crímenes de lesa humanidad” y Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, apostó porque sigan “las sanciones y el aislamiento al gobierno bolivariano por el bien de la región y del mundo”.

El bloque de los detractores, conformado por el llamado Grupo de Lima más los dos países norteamericanos, insistió en que no reconocen como legítimas las elecciones presidenciales del 20-M. En la resolución final, pendiente de voto, se abrió una ventana para la celebración de unas elecciones con condiciones democráticas.

“Sólo a través de un diálogo nacional con la participación de todos los actores políticos se podrá alcanzar la reconciliación nacional”, reza el documento conjunto redactado por Argentina, Chile, Brasil, Perú, Estados Unidos, México y Canadá. En esta ocasión no se trata solo de una acción simbólica.

“El exhorto que hace la resolución serviría para que los países argumenten que se trata de una medida multilateral”, lo que “abriría de forma más clara la puerta para que países de Latinoamérica adopten sanciones como las de Canadá y Europa”, advierte el internacionalista Mariano de Alba.

El gobierno chileno ya habla de “una nueva etapa para tomar medidas políticas y económicas”. El endurecimiento de la presión internacional llega tras la ceremonia de liberación de presos políticos, 38 de los 79 que supuestamente pretendía excarcelar el gobierno en las dos primeras tandas.

Convertido ahora en un supuesto defensor de la reconciliación nacional, Maduro apostó el lunes por “un estado superior del espíritu nacional”, llamando además a “desplegar la defensa de la verdad para derrotar la campaña mundial de manipulación y tergiversación en contra de nuestro país”.

La nueva campaña revolucionaria comenzó con mal pie. El canciller Arreaza repitió sin freno en el foro panamericano varias de las manipulaciones propagandísticas que el chavismo usa en sus medios y con las que pretenden informar a sus asesores y amigos.

La primera fueron los 9 millones de votos que habría obtenido su líder en las elecciones, que según el Consejo Nacional Electoral (CNE) no pasaron de 6.246.000 votos. A quien fuera yerno de Chávez le traicionó el subconsciente, ya que en su discurso sumó los dos millones del disidente Henri Falcón y el millón del evangélico Javier Bertucci.

Arreaza también aseguró durante sus intervenciones que “29 venezolanos fueron quemados vivos” durante las protestas opositoras de 2017.

La Fiscalía solo reconoce dos casos y en uno de ellos, el de Orlando Figuera, se trató de una vendetta personal que coincidió con el final de una protesta.

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