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La Policía en el ojo del huracán

Por Juan Tomás Taveras

A propósito de los fallidos y deshonrosos incidentes recientes en nuestra Policía Nacional, presentamos nuestro más sentido pésame a los familiares, amigos y al cuerpo policial por la pérdida en acción del mayor Moisés Montero Amador, y rogamos por la pronta recuperación y salud de los heridos que lo acompañaban.

Aprovechamos la ocasión para llamar a la reflexión al presidente de la República, al ministro de Interior y al director policial, para que tomen este ejemplo y usemos la planificación estratégica y la ejecución de operaciones tácticas con gerencia de modernidad y eficiencia, y que de una vez por todas decidan equipar apropiadamente a nuestros policías, aplicar los protocolos y procedimientos adecuados. Asimismo, usar las unidades élites en actuaciones de mucho riesgo, con el apoyo de tecnología de drones, armas apropiadas, con pago y trato digno, bien entrenados, con dietas, transporte, chaleco antibalas, y radios de comunicación para cada servicio, entre otros, para de esta manera poder competir con el crimen, que obviamente le está ganando la batalla a las autoridades.

Pedimos a la población que se una a nuestra demanda de exigir seguridad y orden, pues la seguridad es un derecho insatisfecho y es asunto que nos compete a todos reclamarla y conquistarla.

La sociedad se ha volcado contra la Policía como solución al problema de la violencia en general, pero la raíz del fenómeno de la criminalidad está muy por encima de la Policía, aunque reconocemos que es parte secundaria.

La justicia y la ley son el fundamento de la institucionalidad. Cuando se ausentan o se corrompen la justicia y la ley, el mal gobierna, reina el crimen y colapsa la institucionalidad. A razón, República Dominicana vive la peor crisis institucional, con pocas esperanzas de acabar. En tales circunstancias es difícil avanzar, medrar y competir. Sumado a esto, el deterioro ético moral y un agravado miedo generalizado, imponiéndose un reinado de corrupción, crímenes y robos con impunidad.

La solución es sumarnos todos integralmente para exigir justicia y transparencia a los funcionarios, sin excepción, comenzando con el presidente, y cada persona asumiendo el debido respeto a la ley y al derecho ajeno.

Mientras los habitantes del país se vuelven locos de miedo y estrés por la violencia común, las autoridades públicas, políticas y los cabecillas de los poderes fácticos (bien protegidos, riendo a carcajadas y  burlándose de su pueblo) se roban el presupuesto nacional y pocos lo notan.

La cúpula gobernante y sus cómplices son los peores criminales y delincuentes, y quienes reproducen los actos criminales en las calles. Los dominicanos debemos despertar y no permitir que se nos sigan robando los sueños y el futuro.

Lo que realmente queremos mostrar con este escrito es que enfocarnos en la Policía como principal culpable de la problemática social es dejar de lado a los verdaderos responsables, no solo de resolver el tema de la criminalidad, sino de resolver todos los demás problemas que preocupan. Ninguno de los problemas que en estos momentos aquejan o preocupan a la sociedad está en manos de la Policía resolverlos.

La mitad o más de los miembros de la policía al momento de ingresar no se entrenan en las escuelas correspondientes, ingresan sin cumplir los requisitos de ley y los reglamentos, ya fuere por “enllavadura” política, por influencia de jefes o por corrupción.

Para nadie es un secreto que esta problemática de deterioro institucional, de disciplina y respeto a las normas militares que imperaban en los cuarteles están ausentes.

Es muy común escuchar que la disciplina se ha “cualquierizado”, y popularmente se califica de chabacanería. Ya no suplen a los policías con las herramientas de uniforme que le dan autoridad y respeto, como es el cinturón con el arma de reglamento, la macana, el distintivo y chaleco antibalas; el deterioro ético y moral es cada vez peor.

Dios les bendiga hoy y siempre.

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