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Tiempo para el alma

Por Josefina Navarro

“Cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte”.
II Cor. 12. 10.

¿Has visto cómo saca fuerzas impensables una persona que se recupera de un evento que afecta sus capacidades físicas? Tiene ansias de caminar, agarrar cosas con sus propias manos o simplemente volver a llevarse la comida a la boca. En la terapia no se da por vencida, su deseo de “estar bien”, su fortaleza interna, sus anhelos, la visión de su propio futuro le lleva a desarrollar una valentía que ella misma desconocía; y entonces comienza a ver poco a poco los resultados. Así con nuestras caídas interiores, con nuestras debilidades internas: superarlas es de valientes, de esforzados, de gente con anhelos, con una visión positiva de su propio futuro… gente que desarrolla una fortaleza que le permite luchar contra el gran monstruo de la debilidad. Porque así es, podemos convertir en monstruos a nuestras propias debilidades, esas que alimentamos con la falta de voluntad o con el disfrute breve y efímero que ellas mismas nos producen.

Entonces, para superar la debilidad hay que ser fuerte, pero recordemos: es la misma debilidad la que nos puede producir esa fuerza que nos enseña a decir no, a parar, a avanzar, a levantarnos, a volver a empezar, a ser resilientes. “Cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte”, es asunto de voluntad y visión que devienen en coraje, viviendo un día a la vez.

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