Vuelve a México el gobernador del PRI para cumplir 22 años de condena en México

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Mexico.- México volverá a verse en el espejo de Mario Ernesto Villanueva Madrid. Tan odiado como impulsivo, este antiguo priista figura con letras doradas en el panteón de los gobernadores corruptos. Durante su mandato en el caribeño estado de Quintana Roo, entre 1993 y 1999, se asoció supuestamente al cártel de Juárez y llenó sus cuentas con el dinero más oscuro. Cuando terminó su gubernatura, arreciaron las acusaciones en su contra y, días antes de entregar el puesto, se dio a la fuga. Tras ser capturado el 27 de marzo de 2001, fue condenado y extraditado a Estados Unidos.

Ahora, con 68 años, regresa a México para cumplir otros 22 años de cárcel.

Su vuelta muestra que el tiempo vive de repeticiones. Al igual que hace dos décadas, ahora mismo México persigue al fugado y priista exgobernador de Veracruz Javier Duarte.

Al igual que entonces, las acusaciones surgieron una vez que perdió el poder, y al igual que entonces, Duarte se escapó antes de entregar el bastón de mando. Nada cambia, salvo los nombres y quizá el origen del dinero ilícito.El volcánico Villanueva, conocido por su frase “déjense de chingaderas, en mi Estado mando yo”, fue vinculado en su día con el legendario Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos.

Líder del mayor cártel de su tiempo, este narco dio un vuelco al mercado de la heroína y la cocaína al abrir las rutas aéreas hacia Eldorado estadounidense.

Perseguido con saña por la Agencia Antinarcóticos de Estados Unidos (DEA), trató de ocultarse en Chile y Brasil. Finalmente, en 1997, recaló en México, donde falleció durante una operación de cirugía estética.

Su muerte abrió la puerta al misterio, hasta el punto de que todos los médicos que participaron en la intervención fueron asesinados poco después.

Pero también marcó el inicio de una nueva era. Sobre el cadáver de El Señor de los Cielos, los grandes del narco, incluido El Chapo Guzmán, levantaron sus imperios y se lanzaron a la espiral de ultraviolencia que aún sufre hoy el país.“Villanueva fue un aviso ignorado de la penetración del narcotráfico.

Tras el debilitamiento del régimen priista en los años ochenta y noventa, se aflojó el control de los estados y los cárteles aprovecharon para aumentar su poder. Pero el Gobierno central se empecinó en negarlo.

El resultado ha sido una larga lista de gobernadores huidos por sus conexiones con el crimen organizado”, señala el investigador del Colegio de México Sergio Aguayo.

Aunque la profundidad del nexo de Villanueva con el narco nunca se estableció con exactitud, las acusaciones de la DEA apuntan a que el cártel de Juárez le construyó un trono de oro, entregándole medio millón de dólares por cada cargamento procedente de Colombia que pasaba por su estado. Fue una actividad intensa pero también visible.

Los partidos de oposición, hartos del personalismo de Villanueva y asustados por el avance del narcotráfico, le denunciaron públicamente.El escándalo alcanzó a todo el país y, pasadas las elecciones estatales de 1999, el propio Ernesto Zedillo, del que Villanueva era un enemigo declarado, tomó cartas en el asunto y envió a un investigador especial a interrogarle. Ante la posibilidad de perder la inmunidad y ser detenido, el sospechoso optó por darse a la fuga a pocos días de que expirase su mandato.

Después de dos años, la DEA, con apoyo de la Procuraduría mexicana, lo capturó en la misma Quintana Roo bajo la acusación de blanqueo, narcotráfico y conspiración para introducir drogas en Estados Unidos.Su caso, como tantos otros, se volvió una madeja de fallos y revocaciones. Y solo en 2010, tras una larga serie de vicisitudes, fue extraditado a Estados Unidos.

Allí pactó con la fiscalía una sentencia de 11 años por lavado de dinero. Ahora, tras acortar su condena por buen comportamiento, regresa a México.La deportación se materializará en las próximas semanas.

La familia sostiene que el estado de salud del preso es precario. Ingresado en el hospital de la cárcel federal de Lexington (Kentucky), han pedido que se le conceda la prisión domiciliaria a su vuelta. Pese a su propia huida, el exgobernador defiende su inocencia.

“El costo de la maquinación perversa en mi contra ha sido muy duro. Hace 17 años y 9 meses salí de mi casa; estuve dos años y dos meses jurídicamente prófugo, pero en realidad me refugié porque peligraba mi vida […] No me rindo, nunca me rendiré; mi cuerpo está muy lastimado, pero mi mente y mi voluntad permanecen inquebrantables”, ha señalado en un comunicado Villanueva.

Pocos en México han prestado atención a sus palabras.

Villanueva trae a la memoria los tiempos más oscuros del narco. Y su fuga, tan cercana a la de Duarte, es vista como un síntoma de la profunda corrupción del poder político. Por delante aún tiene 22 años, 7 meses y 11 días de cárcel.

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