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Cercanías peligrosas

Por Guido Gómez Mazara

Mark Chapman describió el acto de asesinar a John Lennon como sinónimo de alcanzar la gloria personal. Por eso, el 8 de diciembre de 1980, desde Central Park de New York avanzó sin piedad disparándole al genio musical. Augusta La Torre, segunda al mando en Sendero Luminoso y esposa de Abimael Guzmán, sintió lo artero de ligar el amor con la militancia porque cuentan que su fatalidad la orquestó Elena Iparraguirre, tercera en jerarquía del partido y posterior compañera sentimental del jefe de la organización.

Angelo Beccui, prefecto de las Causas de los Santos junto a su asistente, Raffaele Minicicone, estructuraron un fraude sin precedentes en el Vaticano debido a las “destrezas” en utilizar vía Athena Capital Global Opportunities, 200 millones de dólares dedicados a limosnas para los pobres y adquirir un lujoso edificio en el sector Chelsea, en Londres.

Sebastián Dávalos compró un terreno de uso agrícola y lo transformó en urbano sin pensar que la condición de hijo de Michelle Bachelet facilitaría el acceso a un préstamo de 10 millones de dólares que terminaría en una operación favorable a la empresa Sociedad Exportadora y Gestión Caval, propiedad de su esposa, Natalia Compagnon.

Las cercanías de cualquier naturaleza adquieren categoría de altísima peligrosidad cuando el sentido del límite se desborda al creer que la confianza constituye licencia por excelencia para excesos. Y en el terreno de lo público, la observación ciudadana representa el muro de contención capaz de obstruir desenfrenos propios de toda una cultura política muy amiga de asociar la participación gubernamental como oportunidad de oro, legitimadora de saltos patrimoniales indecentes.

Resulta pertinente recordarlo, Rafael Bello Andino salió por un tiempo del despacho cercano de su líder y mentor, cuando enredos eléctricos pisaron sus talones, enviándole a Industria y Comercio hasta que la ira de Joaquín Balaguer se disolviera.

Aunque el diseño se construyó en el Ministerio de la Presidencia de la época, lo real es que Simón Lizardo, Luis Inchausti y Diandino Peña purgaron días en la cárcel por el caso PEME, y de paso, Leonel Fernández señaló en una alocución al país, que prefería pagar antes que matar.

Las fotografías maliciosas que circularon inicialmente de Quirino Paulino, tenían de intención enlazar a Sergio Grullón, e inmediatamente lanzarle un dardo envenenado a Hipólito Mejía. Los niveles de vulnerabilidad de Danilo Medina comenzaron en su circuito íntimo, desde el instante en que los negocios privados de José Ramón Peralta suplían instituciones gubernamentales.

Existe una extensa jurisprudencia que alarma y preocupa por su potencialidad y materia de escándalos, ya que desde la proximidad del poder se tiende al descontrol y afán de tomar ventajas económicas, empinados en la inversión en tiempos de campaña, el lazo de familiaridad y las jerarquías partidarias.

Nada está oculto bajo el sol, los años pasan pero una simple mirada en retrospectiva identifica el capital en el ámbito del sector seguro que se inició desde la olvidada compañía gubernamental, la familia oligárquica que se quedó con un patrimonio estatal después del ajusticiamiento del tirano, el diestro empresario en la distribución de vehículos del sector transporte que incrementó su fortuna en el marco de una situación de excepción constitucional, el silencioso constructor que sus recursos sirvieron de empuje a las campañas del caudillo, bajo el amparo de contratas pero fuente de adquisición de canales de televisión,  la entidad eléctrica monopólica creada por un argentino que aterrizó en el país como traductor, el boom en los medios nacido en ventas de enciclopedias, la nueva empresa de fertilizantes pujada a la sombra del poder, los vericuetos financieros del político que vendió un edificio aduanal al gobierno “adverso”, la jefatura de policía creadora de una aerolínea y el nuevo mesías de las edificaciones hospitalarias que, con 14 mil millones asignados y un familiar jefe de partido, exhibe una “suerte” muy singular.

Los cambios de gobierno constituyen un terreno fértil para inventar y aprovecharse de la buena voluntad del equipo que llega al poder. De ahí, la articulación de cercanías peligrosas que podrían dañar tanto esfuerzo y dedicación.

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