Anthony Hopkins, cuando la edad no afecta para reinar en los Oscar

El actor británico se convierte en el más veterano en conseguir una estatuilla por su papel en ‘El padre’

Lejos parece estar todavía Anthony Hopkins de la desmemoria con la que hace sufrir a los espectadores en El padre, casi tan lejos como estaba la última [y única] estatuilla dorada que llevaba impreso el nombre del actor. No es casual el uso del pretérito imperfecto para quien a sus 83 años se ha convertido en el intérprete de mayor edad en sumarse un segundo Oscar a su palmarés.

Si en 1991, fue un asesino como Hannibal Lecter quien le llevó a la gloria, ahora ha sido otro silencioso e igual de voraz: el alzheimer. Porque a Anthony, que repite nombre en la vida real y ficticia, ha sido un anciano senil quien le ha llevado de nuevo a tocar con sus manos el dorado de los Oscar superando a Christopher Plummer. O, al menos, lo tocará en un futuro inmediato porque por la ciudad de Los Ángeles no hubo ni rastro de un actor cuya fama de poco sociable le precede.

Cualquiera lo diría después de, en las últimas semanas, ya pasados los 80 años, verle bailar al ritmo de Tu sonrisa de Elvis Crespo ataviado con una camisa de estética hawaina o bromear con unos huevos de Pascua como si fueran un interfono. Como si los años no hubieran pasado para quien se ha convertido también en una auténtica estrella de Twitter por sus fotos y sus vídeos.

Unas horas antes de la gala de los Oscar, donde se acabaría convirtiendo en el mejor actor de este año, el británico colgaba en la red social un vídeo recitando el poema Do Not Go Gentle Into That Good Night, de Dylan Thomas, junto a la tumba de su “querido” padre, Richard Hopkins, en Gales. Territorio arraigado en su memoria. “Puedes sacar al chico de Gales, pero no puedes sacar a Gales del chico”, escribía el pasado 22 de abril junto a una foto con sus progenitores en la década de los 40.

Precisamente, uno de ellos, su padre, ha inspirado una parte de su papel en la película El padre. “Mi padre sufrió una depresión terrible el último año de su vida. Eso es lo más parecido que he visto”, señalaba el actor el pasado diciembre en una entrevista con EL MUNDO en la que renocía que su personaje no tenía un autobiográfico, pero que sí pensaba en la muerte.

“Todos lo hacemos. Creo que fue Carl Jung el que dijo eso de que hasta cumplir los 50 más o menos todo está perfecto y tu vida siempre es algo que está por hacer. Y de repente, ves en el horizonte la muerte. Y eso, al contrario de lo que se piensa, hace que aprecies más la vida”. De ahí, seguramente, la explicación a los bailes y los vídeos en redes sociales.

A la espera de uno de ellos se encuentra la comunidad de fans del actor británica como celebración de un Oscar por el que todavía no ha habido reacción. El segundo, justo 30 años después, para culminar [o no] una carrera brillante que parecía haber tocado techo con Hannibal Lecter y que ha encontrado en Anthony un nuevo aliciente.
ElPais.

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