La portadora cultural fue homenajeada con cantos, atabales y fervor comunitario en su tierra natal, donde construyó un legado esencial para la identidad afrodominicana.
Santo Domingo Norte.– El eco de los atabales y el repique de la tambora marcaron la despedida de Enerolisa Núñez, quien recibió el último adiós en su natal Villa Mella con la misma música que definió su vida: la salve. La comunidad se congregó para honrar a la intérprete conocida como la “Reina de la Salve”, en una ceremonia cargada de simbolismo, espiritualidad y profundo arraigo cultural.
Familiares, cultores populares, músicos y seguidores acompañaron el cortejo fúnebre entre cantos tradicionales y toques ceremoniales, reafirmando el carácter comunitario y ritual que siempre distinguió la obra de la artista. La despedida no fue solo un acto solemne, sino una manifestación viva de la herencia afrodominicana que ella defendió durante más de cinco décadas.
La salve —expresión musical vinculada a celebraciones religiosas populares y a las velaciones comunitarias— se convirtió en la banda sonora de la jornada. Cada golpe de tambor y cada voz entonada evocaron la fuerza espiritual que Enerolisa proyectó en los escenarios locales e internacionales, donde elevó esta tradición a categoría de patrimonio cultural.
Reacciones del sector cultural
La Fundación Cultural Cofradía expresó su pesar a través de un mensaje público en el que destacó la dimensión simbólica de la artista: “Con profundo pesar despedimos a Enerolisa Núñez, Reina de la Salve y símbolo vivo de nuestra tradición cultural”. La entidad subrayó que su legado permanecerá en la memoria colectiva y anunció que compartiría detalles adicionales sobre los actos fúnebres.
Diversas voces del ámbito cultural coincidieron en que su partida representa una pérdida irreparable para el folclore nacional, aunque reconocen que su obra seguirá resonando en las nuevas generaciones de intérpretes.
Una trayectoria que trascendió fronteras
Reconocida como una de las máximas exponentes del folclore contemporáneo dominicano, Enerolisa Núñez construyó una carrera marcada por una voz potente, aguda y cargada de matices, capaz de transitar entre el lamento ceremonial y la celebración festiva. Desde la década de los noventa consolidó una propuesta artística que fusionó la salve con el merengue, ampliando el alcance de estos ritmos tradicionales sin despojarlos de su esencia espiritual.
Al frente de la agrupación Enerolisa y la Salve de Mata de los Indios, integró a sus hijos Osvaldo y Yeni, quienes asumieron roles protagónicos en la ejecución de instrumentos y en la interpretación vocal, asegurando así la continuidad generacional del género.
A lo largo de su carrera colaboró con figuras de la música popular, entre ellas el merenguero Kinito Méndez, alianzas que permitieron proyectar la salve a públicos más amplios y escenarios de mayor visibilidad comercial, sin sacrificar su profundidad cultural.
El origen de una vocación
En múltiples entrevistas, la artista relató que su vínculo con la salve nació en la infancia, cuando acompañaba a su madre y a su tía a las velaciones. Con apenas ocho años, comenzó a cantar sosteniendo un pequeño pandero. “Desde mi piel, desde mi velación, desde mi salve”, solía afirmar al describir la conexión espiritual que la acompañó hasta el final de sus días.
En 2022 sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que afectó su estado de salud. No obstante, nunca se desligó de la música ni de la fe que dio sentido a su trayectoria. Falleció el sábado 28 de febrero a los 74 años, tras presentar complicaciones médicas.
Sus restos fueron sepultados este domingo en el Cementerio Municipal, en medio de aplausos, cantos y un fervor popular que convirtió el duelo en una afirmación de identidad.
Patrimonio vivo de Villa Mella
Más que una intérprete, Enerolisa Núñez fue considerada patrimonio vivo de Villa Mella y de la República Dominicana. Su legado no solo se mide en grabaciones o presentaciones, sino en la revitalización de una tradición que encontró en su voz un canal de permanencia y dignidad.
Con su partida, el país pierde a una de sus guardianas culturales más emblemáticas. Sin embargo, la salve —esa música que vibra entre lo sagrado y lo comunitario— continuará resonando como testimonio de su vida y como herencia indeleble en la memoria del pueblo dominicano.





