Crónica del dolor: el hallazgo de Yuleisy Santana y el abandono de Los Solares

Por Darwin Feliz Matos

Villa Mella, Santo Domingo Norte – Eran más de las 48 horas de angustia cuando finalmente la naturaleza reveló el cuerpo sin vida de Yuleisy Santana Serrano, la niña de apenas cinco años que fue arrastrada por las furiosas aguas de una cañada en el humilde sector Primaveral de Villa Mella.

Todo comenzó una tarde lluviosa del jueves pasado. La pequeña jugaba inocentemente en el patio trasero de su vivienda, acompañada de su hermanito menor. Nadie imaginó que, detrás de la casa, la cañada —una corriente de agua hedionda, cargada de escombros y plásticos— se convertiría en un monstruo indomable. En un instante de descuido, Yuleisy fue engullida por el torrente. Desde entonces, comenzó una odisea de búsqueda y desesperación.

Su madre, devastada, no se movió del lugar ni un segundo durante las labores de rescate. Con la ropa mojada, los ojos rojos de tanto llorar y la voz rota por el miedo, soportó el paso de las horas aferrada a una esperanza cada vez más tenue. Dormía por ratos en sillas plásticas, arropada por el consuelo silencioso de vecinos que se turnaban para acompañarla.

El momento del hallazgo fue desgarrador. “No, no…”, repitió entre sollozos cuando le comunicaron que el cuerpo de su hija había sido localizado río abajo, en el arroyo Yaguasa, a más de un kilómetro del lugar donde fue vista por última vez. El grito silencioso de una madre que no pudo proteger a su hija retumbó en toda la comunidad.

Yuleisy era la hija del medio de tres hermanos. “Mi hija era muy inteligente, ella nunca se acercaba a la cañada. Incluso, cuando lloviznaba, yo no la dejaba salir”, expresó la madre, tratando de entender lo incomprensible.

La búsqueda movilizó a más de 400 personas: brigadistas, bomberos, militares, voluntarios y vecinos. Fue un esfuerzo titánico, de esos que sólo se ven cuando la vida de un niño está en juego. Sin embargo, el desenlace no fue el esperado.

Pero más allá de la tragedia personal, el caso de Yuleisy ha puesto en evidencia el abandono crónico que sufre la comunidad de Los Solares. Calles intransitables, construcciones precarias, techos de zinc corroídos por el tiempo y, lo más peligroso, una cañada que serpentea entre las casas, cargando aguas negras y basura, sin ningún tipo de canalización ni protección.

La muerte de Yuleisy no fue solo producto de un accidente, sino también de una negligencia estructural que ha condenado a cientos de familias a vivir al borde del desastre. Hoy, la comunidad llora no solo la pérdida de una niña, sino también la indiferencia que los rodea.

En medio del llanto, de los rezos y del dolor, la historia de Yuleisy nos recuerda lo frágil que es la vida cuando el abandono social se combina con las fuerzas implacables de la naturaleza. Y en Los Solares, esa combinación es una amenaza diaria.

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