El PRM despide a Ramón Alburquerque con honras fúnebres y guardia de honor en su Casa Nacional

Santo Domingo.– Entre himnos, silencios densos y abrazos contenidos, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) dio este domingo el último adiós a uno de sus fundadores y referentes históricos, el ingeniero y dirigente político Ramón Alburquerque, cuyos restos fueron expuestos en la Casa Nacional de la organización, como tributo a una vida consagrada al servicio público y a la democracia dominicana.

A su llegada al local partidario, en la avenida 27 de Febrero, el féretro fue recibido con la entonación del Himno Nacional Dominicano y el himno del PRM, en una escena cargada de simbolismo y respeto. De inmediato, miembros de la Dirección Ejecutiva rindieron la primera guardia de honor, marcando el inicio de una ceremonia sobria, pero profundamente emotiva.

La primera guardia estuvo integrada por José Ignacio Paliza, Milagros Ortiz Bosch, Deligne Ascención y Víctor Pichardo. Luego, desfilaron ante el ataúd Geanilda Vásquez, Eddy Olivares, Nelson Arroyo y Roberto Fulcar, seguidos de decenas de dirigentes y funcionarios, entre ellos Samuel Pereyra, Gloria Reyes, Rafael Santos, Franklin García Fermín, Josefa Castillo, Darío Castillo, Santiago Zorrilla, Ulises Rodríguez, Edward Cedeño, Roberto Salcedo, Jesús “Chu” Vásquez, Kimberly Taveras, Máximo Pérez, Scarlet Benzán y Zara Paulino.

Cada relevo de la guardia parecía confirmar lo mismo: la huella de Alburquerque trascendía cargos y generaciones.

Durante el acto, el presidente del PRM, José Ignacio Paliza, pronunció un discurso marcado por la gratitud y la memoria. Más que repasar logros políticos, evocó al hombre cercano, al mentor y amigo. Reflexionó que la vida suele obligarnos a convivir para sobrevivir, pero que compartir con personas de la esencia de Ramón transformaba esa lógica, porque en él —dijo— se encontraba “la esencia misma de la vida”.

Apoyándose en una cita de Ernesto Sábato, recordó que “la vida sin amigos es como un bote a la deriva en un lago aparentemente tranquilo, pero agitado por corrientes verdaderamente profundas”, y afirmó que para la familia perremeísta, Alburquerque fue mucho más que un compañero de partido.

“Retó la vida y la venció; retó el destino que estaba escrito para él y lo venció”, expresó Paliza, al rememorar los duros episodios de la niñez del dirigente, marcada por intervenciones quirúrgicas, distancias familiares y desafíos que templaron su carácter.

Ese temple lo acompañó siempre. Alcanzó metas académicas que parecían improbables, hasta obtener un doctorado (PhD) en una de las universidades más prestigiosas del mundo, y en la política dejó una impronta de trabajo metódico, firmeza ética y resultados tangibles.

Paliza también recordó su sensibilidad: un hombre amante de la naturaleza, la poesía y la música, distante de la imagen áspera que algunos intentaron atribuirle en el fragor de las batallas políticas. “Era cualquier cosa menos un hombre violento”, afirmó, destacando su vocación democrática y su capacidad de reconciliación.

La ceremonia cerró con las palabras íntimas de su familia. Su hija, Mónica Patricia Alburquerque, compartió una enseñanza que su padre repetía con convicción: el único legado verdadero era la educación y el deseo permanente de superación. Mientras, su nieta Natalia Morel habló del abuelo lector, curioso y profundamente humano, cuyo amor por la gente no conocía fronteras.

Tras el homenaje, los restos de Ramón Alburquerque fueron trasladados al cementerio Jardín Memorial, donde recibieron cristiana sepultura.

Con su partida, el PRM despide a un fundador, pero también a una conciencia moral del partido: un dirigente que convirtió la adversidad en carácter y la política en vocación de servicio.

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