Santo Domingo.– La candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) vuelve a colocarse en el ojo del huracán. La sola mención de Gonzalo Castillo como posible aspirante para el 2028 ha desatado un nuevo torbellino político en la organización que gobernó el país durante veinte años y que, pese a sus fracturas, conserva la marca del partido más exitoso en la historia electoral reciente.
El diputado Gustavo Sánchez, vocero de la bancada peledeísta, ha asumido la representación pública del proyecto Castillo, adelantando que en los próximos días se hará el anuncio oficial. De confirmarse, el exministro de Obras Públicas competiría internamente contra Francisco Javier García, estratega histórico del PLD y figura que debutó como candidato presidencial en las elecciones de 2020.
Pero la irrupción de Castillo no ha caído en terreno llano. La incomodidad se evidenció de inmediato en las declaraciones del veterano dirigente José Ramón (Monchy) Fadul, quien, sin mencionarlo por nombre, lanzó un mensaje directo en sus redes sociales:
“Un aspirante presidencial en un partido no necesita voceros para anunciar sus aspiraciones, aspirar requiere seriedad, decisión y dar la cara. El futuro del PLD no puede estar en manos de improvisaciones. Se trata de la vida del partido y el porvenir de la nación”.
Fadul fue más lejos y advirtió que la organización no puede repetir “experimentos fallidos” que ya el pueblo rechazó. “La gente no quiere improvisaciones ni autopromociones. Quiere propuestas claras, liderazgos firmes y proyectos que garanticen el triunfo en 2028”, posteó, en una alusión que muchos interpretaron como un dardo envenenado contra la figura de Castillo.
Viejas heridas, nuevos escenarios
El fantasma de la división que marcó las elecciones de 2020 vuelve a rondar al PLD. En aquel proceso, Castillo fue visto como el “pupilo” del entonces presidente Danilo Medina, lo que generó acusaciones de favoritismo y dejó heridas abiertas entre los demás aspirantes. Hoy, el riesgo de que la unidad vuelva a tambalearse es inminente.
El debate se enmarca también en la controversia generada por la decisión —ya suspendida por el Tribunal Constitucional— de adelantar la elección presidencial interna. El alto tribunal consideró que ese calendario crearía desigualdad entre competidores futuros, lo que dejó al partido atrapado entre dos visiones: la de quienes reclaman mayor tiempo para reposicionarse en la oposición y la de quienes, como Francisco Javier García, entienden que demorar la definición solo debilita al PLD frente a otros partidos.
En contraste, Abel Martínez ha defendido que la candidatura debe definirse en el plazo que marca la ley electoral, postura que ha generado un pulso interno con quienes claman por acelerar el paso.
Frente abierto contra la Fuerza del Pueblo
Mientras lidia con sus tensiones internas, el PLD enfrenta también la presión externa de la Fuerza del Pueblo (FP), partido al que acusa de “sonsacar” dirigentes para fortalecer sus filas. Johnny Pujols, secretario general del PLD, denunció que esa “campaña de persecución política” busca debilitar al partido morado, aunque aseguró que, lejos de fracturarlo, ha reforzado la determinación de su militancia.
“Nos han perseguido por una sola razón: ser parte del Partido de la Liberación Dominicana. No hay forma de igualar la obra de servicio y de amor de este partido al pueblo dominicano”, sostuvo durante un recorrido en San Pedro de Macorís, donde también compartió con sectores empresariales, sociales y religiosos de la provincia.
Una unidad en juego
La política no perdona titubeos y el PLD parece debatirse entre pasado y futuro. La eventual candidatura de Gonzalo Castillo se perfila como la manzana de la discordia en un partido que todavía busca recomponerse tras derrotas sucesivas y la pérdida del poder.
El dilema es claro: ¿logrará el PLD encontrar un camino de unidad que lo proyecte como opción viable en 2028 o se encamina a reeditar los errores que ya le costaron fracturas profundas?
Lo único seguro es que, con el inminente anuncio de Castillo, la unidad del PLD se pone otra vez a prueba. Y esta vez, con el reloj electoral corriendo, las consecuencias podrían ser definitivas.





