Por Darwin Feliz Matos
Hay obras que se inauguran con una ceremonia, discursos, fotografías y aplausos. Pero hay otras que se inauguran también con la memoria, con la perseverancia de una comunidad y con el sentimiento de quienes durante años se negaron a aceptar que un sueño colectivo pudiera quedar sepultado bajo el peso de la burocracia.
La inauguración del Centro Educativo Ana Josefa Puello, en Cancino Adentro, Santo Domingo Este, pertenece a esa segunda categoría.
Después de 14 años de espera, gestiones, reclamos, sacrificios y hasta protestas, los moradores de Cancino Adentro, El Tamarindo y sectores aledaños podemos contemplar con legítimo regocijo una realidad que durante demasiado tiempo pareció inalcanzable: nuestros niños y jóvenes cuentan hoy con un moderno espacio donde podrán recibir el pan de la enseñanza con dignidad, seguridad y mejores condiciones para aprender.
Y ante una conquista de esta naturaleza, considero necesario decirlo con claridad: honrar y agradecer es de gente humilde y noble.
Por eso, gracias, señor presidente Luis Abinader, por haber asumido el compromiso de concluir una obra que llevaba demasiado tiempo atrapada entre obstáculos burocráticos, procesos judiciales y circunstancias que impedían que cientos de estudiantes pudieran beneficiarse de ella.
Una escuela que representa mucho más que una infraestructura
El nuevo plantel educativo, construido con una inversión de aproximadamente RD$125 millones, tendrá capacidad para acoger a 750 estudiantes. Pero reducir su significado a una cifra o a una estructura de concreto sería desconocer su verdadera dimensión.
Esta escuela representa oportunidades.
Representa tranquilidad para madres y padres que durante años tuvieron que procurar alternativas para la educación de sus hijos. Representa esperanza para cientos de niños que ahora podrán formarse más cerca de sus hogares. Representa, además, una respuesta concreta a una comunidad que ha crecido y que reclama servicios públicos acordes con sus necesidades.
Cancino Adentro y El Tamarindo no son simples puntos en el mapa de Santo Domingo Este. Son comunidades construidas con el esfuerzo de hombres y mujeres que, muchas veces sin contar con las condiciones ideales, han levantado sus familias, han trabajado y han luchado por mejorar su entorno.
Aquí ha habido dificultades de sobra para tirar la toalla.
Sin embargo, sus moradores han elegido otro camino: resistir, insistir y seguir creyendo.
Y quizá ahí radica una de las mayores enseñanzas de esta historia.
Porque cuando una comunidad se acostumbra a luchar por lo que considera justo, termina comprendiendo que los derechos no siempre llegan solos: muchas veces hay que reclamarlos con perseverancia, organización y esperanza.
Educar también es prevenir
La inauguración del Centro Educativo Ana Josefa Puello llega, además, en un momento en que la sociedad dominicana tiene que mirar con mayor profundidad el vínculo entre educación, oportunidades y seguridad ciudadana.
No existe política efectiva de prevención de la delincuencia que pueda prescindir de la educación.
Un niño dentro de un aula es un niño que está construyendo herramientas para su futuro. Un joven con acceso al conocimiento, al deporte, a la tecnología y a una formación integral tiene mayores posibilidades de convertir sus capacidades en oportunidades y menores probabilidades de quedar atrapado en los circuitos de exclusión social.
Por eso, invertir en educación no es simplemente construir escuelas; es construir ciudadanía.
Es sembrar valores.
Es abrir caminos.
Es apostar por una generación capaz de transformar su realidad.
La educación debe ocupar, por tanto, el centro de las políticas públicas destinadas a construir una sociedad más justa, productiva y segura.
Ana Josefa Puello: un nombre que también educa
Que esta escuela lleve el nombre de Ana Josefa Puello tiene un significado especial.
Homenajear a una destacada educadora dominicana y a una de las primeras maestras normales graduadas de la República Dominicana es recordar que la educación nacional también ha sido construida por mujeres que dedicaron su vida a enseñar, formar y transformar generaciones.
El nombre de Ana Josefa Puello no debe quedar únicamente colocado en una fachada.
Debe convertirse en inspiración para cada estudiante que atraviese diariamente las puertas de este centro educativo.
Porque los nombres que honran nuestra historia adquieren verdadero sentido cuando las nuevas generaciones conocen el legado de quienes los precedieron.
Una deuda que finalmente comienza a saldarse
Durante 14 años, esta comunidad esperó.
Esperó mientras cambiaban gobiernos, funcionarios y circunstancias.
Esperó mientras el tiempo hacía crecer la necesidad de contar con una infraestructura educativa adecuada.
Esperó mientras los moradores levantaban su voz para reclamar algo que nunca debió parecer extraordinario: el derecho de sus hijos a estudiar en condiciones dignas.
Por eso, esta inauguración tiene un sabor diferente.
No es únicamente la apertura de una escuela.
Es la conclusión de una larga jornada.
Es el punto de llegada de una lucha comunitaria.
Es la demostración de que, aunque los procesos públicos puedan ser lentos y los obstáculos parezcan interminables, la perseverancia ciudadana puede mantener viva una causa hasta verla convertida en realidad.
Y en esa historia hay espacio para agradecer a todos los que, de una manera u otra, contribuyeron para que hoy podamos celebrar.
La educación como proyecto de nación
El presidente Luis Abinader ha reiterado que la educación constituye uno de los pilares fundamentales para alcanzar el desarrollo sostenible de la República Dominicana. Esa visión encuentra en obras como esta una expresión concreta.
Porque hablar de desarrollo no puede limitarse a las grandes cifras económicas.
El verdadero desarrollo comienza cuando un niño puede sentarse en un aula digna y mirar su futuro con esperanza.
El desarrollo se mide también en la calidad de la educación que reciben nuestros hijos, en las oportunidades que tienen para crecer y en la capacidad del Estado para llevar servicios esenciales hasta las comunidades que más los necesitan.
Una nación no se transforma solamente con carreteras, puentes, edificios o grandes proyectos de infraestructura.
Se transforma cuando forma ciudadanos capaces de conducirla hacia un mejor destino.
Gracias, señor presidente
Hoy, desde Cancino Adentro, corresponde reconocer lo que debe ser reconocido.
Gracias, señor presidente Luis Abinader, por preocuparse por la educación de Cancino Adentro.
Gracias por contribuir a que una espera de 14 años pudiera finalmente convertirse en una puerta abierta hacia el futuro.
Gracias por hacer posible que 750 estudiantes tengan acceso a un espacio educativo moderno y adecuado.
Y gracias porque, más allá de las diferencias políticas que naturalmente puedan existir en una sociedad democrática, hay obras que deben ser colocadas por encima de las banderías partidarias.
La educación es una de ellas.
Cuando una escuela abre sus puertas, no debería preguntarse de qué partido es el niño que entra al aula.
Solo importa que es un niño dominicano con derecho a aprender, crecer y soñar.
Y eso merece reconocimiento.
Porque, como dice la sabiduría popular, honrar honra.
Y reconocer una obra que beneficia a nuestra comunidad no disminuye a quien agradece; por el contrario, revela grandeza de espíritu.
La gratitud no es servilismo.
La gratitud es memoria.
Y una comunidad que tiene memoria sabe reconocer tanto las luchas que la llevaron hasta aquí como a quienes, finalmente, ayudaron a convertir sus aspiraciones en realidad.
Hoy Cancino Adentro puede mirar hacia atrás y recordar aquellos años de incertidumbre.
Pero, sobre todo, puede mirar hacia adelante.
Porque donde antes había una espera de 14 años, hoy hay una escuela.
Donde antes había incertidumbre, hoy hay aulas.
Donde antes había un sueño, hoy hay una realidad.
Y donde hay educación, siempre habrá una posibilidad de futuro.
Ana Josefa Puello no es solamente el nombre de una escuela. Desde hoy, es también el nombre de una esperanza.
Y que sus puertas permanezcan abiertas por muchos años para formar generaciones de niños y jóvenes que algún día puedan decir, con orgullo, que en Cancino Adentro comenzó a escribirse una parte importante de su historia.
Porque, al final de nuestra existencia, todos estamos llamados a comprender aquella verdad bíblica que nos recuerda nuestra condición humana: del polvo nacimos y al polvo volveremos.
Por eso, mientras tengamos la oportunidad de servir, debemos hacerlo con humildad; mientras podamos construir, debemos construir; y mientras podamos reconocer el bien, debemos tener la nobleza de agradecerlo.
Honrar y agradecer es de gente humilde y noble.
Y hoy, desde Cancino Adentro, tenemos una razón de sobra para hacerlo.





