Permanecen las secuelas 25 años después del trágico 11S

Unos perdieron seres queridos, otros retiraron escombros, otros se sintieron motivados a alistarse en las fuerzas y otros fueron vistos con recelo por su país de origen.

AP
Nueva York.- Cuando los aviones se estrellaron y los edificios se desplomaron en aquella soleada mañana de septiembre hace 25 años, las ondas de choque de la consternación y el dolor se extendieron mucho más allá del centro de Nueva York, las zonas rurales del oeste de Pensilvania y los alrededores de Washington DC. Se propagaron a lo largo de todos los rincones de Estados Unidos y socavaron la sensación de seguridad de los estadounidenses.

Los corazones estaban desconsolados en toda la nación, no sólo los de quienes perdieron a sus seres queridos, sino también los de desconocidos que vivieron un duelo por ellos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no dejaron a nadie indiferente ni inmune, y crearon un momento no deseado de unidad horrorizada.

Un cuarto de siglo después, las secuelas permanecen. Todos vivimos en un mundo posterior al 11-S, marcado por estrictas medidas de seguridad y vigilancia. Pero no todos los estadounidenses viven en el mismo mundo.

Lo que los ataques y sus consecuencias han llegado a significar no responde a un único punto de vista compartido por todos, más bien, es un mosaico de significados y duelos tan variado como la nación donde ocurrieron los atentados del 11 de septiembre.

Factores que influyen en nuestra percepción.

Es algo hasta cierto punto inevitable. El mero paso del tiempo implica que decenas de millones de jóvenes estadounidenses han nacido después de que ocurrieron. Y para ellos, el 11-S es un tema que estudian en las clases de historia.

Pero la visión que la gente tiene del 11 de septiembre y de sus secuelas también se ha visto moldeada por factores humanos, como las políticas y acciones de quienes ostentaban el poder.

Además, los Estados Unidos que fue atacado ya era una nación con su propia historia y sus propias tensiones, con puntos de disputa y desacuerdo que se vieron sometidos a una presión adicional a partir de ese acontecimiento.

“Un mismo suceso —ya sea un desastre o una conmoción o incluso el proceso de recuperación— es completamente diferente según (cuál sea) la red de vínculos de usted”, explica Daniel Aldrich, profesor de la Universidad Northeastern.

Dichas redes de vínculos y contactos existen de diversas formas y niveles. Entre ellas se encuentran las de quienes perdieron a seres queridos; aquellos que durante meses retiraron los escombros de la llamada Zona Cero —donde se levantaban las Torres Gemelas del World Trade Center en la ciudad de Nueva York—; los que se sintieron motivados a alistarse en las fuerzas armadas; quienes perdieron sus empleos en sectores duramente afectados, como el turismo y el transporte aéreo; aquellos que, por ser originarios de ciertos países, fueron vistos con mayor recelo.

Afectados por el duelo

En la familia de Jenna McPartland se superponen distintas redes de vínculos. Esperaba su primer hijo junto a su esposo, Ariel Jacobs, quien falleció en el World Trade Center. Días después dio a luz a Gabriel, un niño cuya vida quedó irrevocablemente marcada por un suceso que él mismo no experimentó.

Posteriormente, McPartland volvió a casarse en dos ocasiones, tuvo otros dos hijos sin vínculo biológico con el padre de su hijo mayor y ha sido madrastra de dos adolescentes durante la última década. A pesar de haber añadido nuevos capítulos a su vida, se aseguró de que Gabi mantuviera el contacto con la familia de su padre y de que sus hijos menores supieran que el 11 de septiembre formaba parte de la historia de su familia.

Decisiones del gobierno

En el impacto provocado por el 11-S también influyen en las decisiones tomadas por el gobierno de EEUU tras los ataques, como la reestructuración de organismos públicos y la creación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, al igual que las decisiones de política exterior, como la invasión de Afganistán.

La inmigración

La inmigración ya era un tema polémico antes del atentado. Tras el 11-S, la cuestión adquirió una nueva dimensión marcada por el miedo y la desconfianza. Y una gran parte de esto recayó sobre personas de fe musulmana o que eran originarias de regiones del mundo de mayoría musulmana.

Por ejemplo, en 2002, el gobierno federal implementó el Sistema de Registro de Entrada y Salida de Seguridad Nacional, que obligaba a mayores de 16 años que no eran ciudadanos estadounidenses y provenían de alguno de un grupo de 25 países —mayoría musulmana— a registrarse en determinados puntos de entrada o en oficinas de inmigración si se encontraban en el país.

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