Sesión de Regidores de Santo Domingo Norte: entre amarres, retrasos y silencios sospechosos

Por: Darwin Feliz Matos

Santo Domingo Norte. – Eran las 10:00 de la mañana del viernes, hora en la que estaba pautada la sesión extraordinaria del Concejo de Regidores del Ayuntamiento de Santo Domingo Norte (ASDN), convocada para el salón de sesiones Dr. José Francisco Peña Gómez. Sin embargo, como ya es una tradición, los sillones vacíos del salón de sesiones y la ausencia de los regidores marcaron la tónica del inicio: impuntualidad.

La ciudadanía que esperaba respuestas y transparencia, así como parte de la prensa local, tuvo que aguardar por más de cuatro horas para ver a los ediles tomar asiento. Durante ese tiempo, no estuvieron precisamente en labores administrativas ni en contacto con sus representados. El escenario fue el infame “cuarto de los amarres”, un espacio que cada día parece más símbolo de negociaciones opacas que de debate democrático.

Pero el calor del viernes no solo fue físico. Desde el interior de ese salón se escapaban ecos de voces elevadas. Dos regidores, uno de la Fuerza del Pueblo y otro del oficialista PRM, protagonizaron un altercado que rayó en lo físico, apenas contenido por colegas y el presidente del Concejo de Regidores. ¿La causa? Una fuerte discrepancia sobre el tratamiento de uno de los puntos de la agenda. Era como un secreto al que nadie debía tener conocimiento.

Pero entonces, ocurrió un hecho tan revelador como preocupante: una empleada del Concejo, de forma “poco amable y evidentemente nerviosa”, comenzó a sacar a todos los presentes de la sala.

“¡Salgan todos!”, dijo con voz cortante, mientras esquivaba preguntas y cerraba puertas como si en el lugar se resguardara un secreto de Estado. Obviando igualmente que las sesiones son públicas, es decir, abiertas a la participación ciudadana. Esto implica que cualquier ciudadano puede asistir y presenciar las deliberaciones y decisiones tomadas por el concejo, promoviendo la transparencia y la participación en la gestión municipal.  ¿Qué se cocinaba dentro del cuarto de los amarres que requería tanto celo y expulsión pública? La escena fue tan torpe, que lejos de ocultar, terminó exponiendo el caos.

Por supuesto, los rumores no tardaron en circular. En voz baja, se murmuraba sobre un enfrentamiento directo, cara a cara y con amenazas incluidas, entre un regidor de la Fuerza del Pueblo y otro del PRM. El ambiente era tan denso que, aunque nadie conocía los detalles con certeza, todos hablaban con la seguridad de quien ha vivido esta película muchas veces.

Hasta que uno de los propios regidores, con tono conspirativo y pidiendo «la mayor discreción», dejó escapar lo que ya muchos intuían: el motivo de la discordia era el tercer punto de la agenda, ese que trataba la reconsideración de la resolución 36/2025, mediante la cual se había aprobado, en la sesión pasada, el uso de suelo y la construcción de una estación de transferencia de desechos sólidos en la carretera Los Casabes–Duquesa.

No era cualquier tema menor en agenda. Hablamos de la reconsideración de la resolución 36/2025, nada menos que la que autorizaba el uso de suelo para levantar una estación de transferencia de desechos sólidos en la estratégica carretera Los Casabes–Duquesa. Lo curioso —por no decir desconcertante— es que apenas días atrás fue aprobada con entusiasmo unánime, sin objeciones, ni debates acalorados. Ahora, súbitamente, el mismo punto regresa al ruedo con un ánimo de «repensarlo todo», como si en ese breve intervalo se hubiesen revelado verdades ocultas o, más bien, aparecido razones invisibles, pero de peso suficiente para replantear lo ya decidido.

Y así, tras la tormenta interna, vino la calma pública… o más bien, el silencio más atronador de la jornada.

Una vez iniciada la sesión, los concejales parecían haber recobrado su compostura. Se mostraron activos, pidiendo turnos para opinar sobre temas diversos. Pero todo cambió cuando llegó el punto álgido: el tercero de la agenda.

Entonces, como por arte de magia, se hizo el silencio. Ni una palabra, ni una sola observación. Un punto que había provocado acalorados enfrentamientos y prolongadas discusiones previas fue aprobado a unanimidad la reconsideración del mismo, sin que nadie explicara su posición.

«Como dirían en otros Concejos Edilicios, al parecer la temperatura y sus gotas de la lluvia también caló hondo en la Sala Capitular, y esta reconsideración —que en principio parecía una anulación encubierta de la resolución— llegó sin ánimo alguno de ‘devolver explicaciones’.»

¿Qué ocultaban los regidores con este repentino mutismo? ¿Fue este el verdadero tema que desató la furia en el «cuarto de los amarres»? ¿A quién beneficia realmente esta estación de transferencia? ¿Quién está detrás del proyecto?

Más aún: ¿Por qué tuvo que intervenir la alcaldesa Betty Gerónimo para solicitar formalmente una reconsideración? ¿Qué motivó ese cambio de parecer? ¿Qué presiones o intereses se movieron en esas más de cuatro horas de encierro?

Lo cierto es que la estación de transferencia, ubicada estratégicamente cerca de la vía que conecta con Duquesa —epicentro histórico de la gestión de residuos del Gran Santo Domingo—, genera muchas más preguntas que respuestas.

Y mientras la ciudadanía exige transparencia y compromiso con el desarrollo sostenible, sus representantes parecen estar más ocupados en negociaciones a puertas cerradas, en peleas intestinas y en silencios que, lejos de tranquilizar, despiertan la más inquietante de las sospechas.

Porque en Santo Domingo Norte, las sesiones no comienzan a tiempo, pero los acuerdos sí parecen llegar… aunque nadie diga nada.

Porque si algo quedó claro este viernes, es que la democracia municipal no siempre se construye con palabras, sino a golpes… y en voz baja.

Compartir