Wellington Arnaud invoca la unidad del PRM y proyecta respaldo de David Collado tras la convención

Santo Domingo.– En el ajedrez político del oficialismo, donde cada movimiento anticipa el pulso de la sucesión presidencial, Wellington Arnaud comienza a delinear su jugada: competir, ganar y luego unificar. Su discurso no solo apunta a la candidatura presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), sino también a construir una narrativa de cohesión en medio de un escenario que ya exhibe tensiones soterradas.

El dirigente oficialista aseguró que posee la experiencia, la estructura territorial y la visión estratégica necesarias para disputar la nominación presidencial, pero fue más allá: anticipó que, una vez concluido el proceso interno, contará con el respaldo del ministro de Turismo, David Collado. No se trata de una afirmación casual, sino de un mensaje cuidadosamente calibrado para resonar en la militancia y en los centros de poder del partido.

Arnaud reconoce que en la política contemporánea los detalles organizativos son decisivos. “Una diferencia mínima puede definir una elección”, ha advertido, en una lectura que revela tanto autocrítica como conciencia del delicado equilibrio interno que deberá preservar el PRM de cara a 2028.

La carrera por la sucesión comienza a tomar forma

Con la imposibilidad constitucional de repostulación del presidente Luis Abinader, el oficialismo entra en una fase inevitable: la competencia por el relevo. En ese tablero emergen figuras con peso propio como el propio Arnaud, Collado y la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, entre otros liderazgos que comienzan a medir fuerzas.

En ese contexto, el discurso de unidad no es solo una consigna, sino una estrategia preventiva. La historia reciente de los partidos dominicanos ha demostrado que las fracturas internas pueden ser más letales que la oposición externa.

El mensaje implícito tras la alusión a Collado

La referencia directa a Collado encierra una doble lectura. Por un lado, proyecta seguridad en su eventual triunfo en la convención; por otro, busca instalar la idea de disciplina partidaria: quien gane deberá ser respaldado sin fisuras.

No es un detalle menor. En la cultura política dominicana, la cohesión postconvención ha sido tradicionalmente uno de los puntos más frágiles. La capacidad de alinear liderazgos tras una contienda interna suele definir el destino electoral de los partidos.

Unidad o fragmentación: la prueba del oficialismo

Desde su llegada al poder en 2020, el PRM ha logrado sostener una relativa estabilidad, pese a la coexistencia de múltiples aspiraciones. Sin embargo, la sucesión presidencial representa su prueba más exigente.

Arnaud, consciente de ese desafío, intenta posicionarse no solo como aspirante competitivo, sino como un eventual factor de equilibrio. Su narrativa apunta a convencer de que es posible disputar el poder interno sin comprometer la cohesión partidaria.

De cara a 2028, el desenlace no dependerá únicamente de la popularidad de los aspirantes. Las alianzas, los respaldos cruzados y la capacidad de construir consensos serán, probablemente, las verdaderas variables que inclinen la balanza en el oficialismo.

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