Cuando el último verso llega demasiado pronto: Diddy Glow, Monkey Black y otros urbanos que murieron con sueños por cumplir

De El Cirujano Nocturno a Diddy Glow, una generación de exponentes dominicanos ha visto interrumpidas sus carreras por enfermedades, asesinatos y hechos violentos; detrás de cada muerte queda una familia, una historia inconclusa y un movimiento urbano que todavía reclama respuestas.

Santo Domingo.— En el género urbano dominicano, la muerte también ha aprendido a rimar.

Pero no es una rima buscada. Es una que llega sin aviso, corta una canción a la mitad y deja incompleta una historia que apenas comenzaba a escribirse.

La muerte de Diddy Glow, ocurrida el pasado sábado 12 de septiembre en Boca Chica, volvió a abrir una herida que el movimiento urbano dominicano conoce demasiado bien: la de sus jóvenes exponentes que han muerto cuando todavía tenían escenarios por conquistar, canciones por grabar y sueños por cumplir.

Alexis Delgado Ortiz tenía 31 años. Era conocido artísticamente como Diddy Glow “La Bestia”, llevaba desde 2017 vinculado al freestyle y, según sus compañeros, comenzaba apenas a recibir una remuneración económica por una actividad que durante años realizó principalmente por pasión.

Era el mayor de cuatro hermanos.

Su madre, Maura Ortiz, lo describió como un hombre alegre y tranquilo.

“Mi hijo era buen hijo, buen vecino y buen amigo”, dijo entre lágrimas mientras sostenía a su nieto.

Quizás esas palabras, más que cualquier descripción artística, resumen lo que significa una muerte de este tipo: antes que un exponente urbano, Diddy Glow era hijo, hermano, padre y amigo.

Una tarde que terminó en tragedia

Lo que comenzó como una actividad cotidiana entre compañeros del barrio terminó convertido en una escena de violencia.

En el Callejón Manantial 2, en Boca Chica, un grupo de personas compartía durante una actividad de peleas de peces betta cuando desconocidos a bordo de un vehículo abrieron fuego contra los presentes.

El saldo fue de dos muertos y cinco heridos.

Entre los fallecidos estuvo Diddy Glow y Jonathan Villanueva, de 26 años, conocido como “Cotuí”.

Hasta ahora, las autoridades investigan quiénes ejecutaron el ataque y cuáles fueron exactamente las circunstancias que lo provocaron.

La Policía Nacional ha señalado que el artista no era el objetivo específico del ataque y que el hecho podría estar relacionado con viejas rencillas entre algunas de las personas que se encontraban en el lugar.

Pero para una madre, un hijo muerto siempre será mucho más que una hipótesis policial.

Es una ausencia.

Es una silla vacía.

Es un teléfono que ya nadie contestará.

Es un niño de tres años que crecerá con los recuerdos que otros puedan contarle sobre su padre.

El último freestyle

El lunes, Boca Chica volvió a escuchar las rimas de Diddy Glow.

Solo que esta vez él no estaba allí para responder.

Sus compañeros rodearon el féretro y comenzaron a improvisar versos en su honor. Las palabras que tantas veces utilizaron para competir se transformaron en palabras de despedida.

“Queremos justicia”, clamaban algunos de los presentes.

El freestyle dejó de ser competencia y se convirtió en memoria.

Entre quienes acudieron al sepelio estuvo Mozart La Para, quien también improvisó en honor al fallecido artista y asumió públicamente el compromiso de acompañar al hijo de Diddy Glow hasta su mayoría de edad.

El gesto encontró un profundo significado en medio de una despedida marcada por la impotencia y el dolor.

El Cirujano Nocturno: una carrera que terminó a los 22

Antes de Diddy Glow, otros nombres quedaron grabados en la memoria del movimiento.

Uno de ellos es Lisauris Alexander Morel Polanco, conocido como El Cirujano Nocturno, quien murió el 13 de noviembre de 2010 a causa de un derrame cerebral.

Tenía apenas 22 años.

Su muerte sorprendió a un movimiento urbano que todavía veía en él un artista con mucho camino por recorrer.

Desde temprana edad había mostrado inclinación por la música urbana y comenzó a destacarse en el rap dominicano a finales de los años 90.

Primero formó un dúo con Tito2 y posteriormente desarrolló una estrecha conexión musical con El Fother. También formó parte de El Batallón The Mixtape, colectivo que reunió a varios de los talentos emergentes del hip hop dominicano.

Su estilo crudo, directo y cargado de contenido social le permitió construir una identidad propia.

Compuso más de un centenar de canciones y dejó temas que todavía forman parte de la memoria del rap dominicano, entre ellos “Amor Barrial”, “Bienvenidos”, “El Futuro”, “El Regreso del Hip Hop”, “Ella Luchó por un Sueño” y “Mi Velorio”.

Paradójicamente, su despedida tuvo elementos que él mismo había imaginado en una de sus canciones.

Fue velado en un ataúd blanco, en su casa, rodeado de familiares, amigos, seguidores y compañeros del movimiento urbano.

A los 22 años, El Cirujano Nocturno había dejado de ser una promesa para convertirse en recuerdo.

Monkey Black: el “Megadivo” que murió lejos de casa

Cuatro años después, otra tragedia estremeció al género.

Leonardo Michael Flores Ozuna, conocido como Monkey Black o “El Megadivo”, murió el 30 de abril de 2014 en Barcelona, España.

Tenía 27 años.

Fue apuñalado a la salida de un bar.

Monkey Black había conseguido algo que muchos artistas dominicanos perseguían: llevar el sonido urbano criollo más allá de las fronteras nacionales.

En 2009, su tema “El Sol y La Playa” alcanzó notoriedad internacional y contribuyó a proyectar el género urbano dominicano en otros mercados.

Su muerte no solo representó la pérdida de un artista. Para muchos significó la desaparición prematura de una figura que había demostrado que desde los barrios dominicanos también podían construirse carreras con alcance internacional.

El responsable material del ataque permaneció prófugo durante casi cinco años, hasta entregarse a la Policía española en febrero de 2019.

En julio de 2020 fue condenado a 12 años y medio de prisión, después de confesar el crimen y beneficiarse de atenuantes contemplados por el tribunal.

La justicia llegó.

Pero llegó cuando Monkey Black llevaba seis años muerto.

Boy Summa Benz: una fiesta convertida en tragedia

Ese mismo 2014 también murió Francisco Mercedes, conocido como Boy Summa Benz.

Tenía 29 años.

Fue asesinado a tiros el 17 de agosto en Washington Heights, Nueva York, durante un ataque ocurrido en horas de la madrugada, cuando salía de una fiesta relacionada con el lanzamiento de un mixtape.

Junto a él murió su amigo Kenny Jiménez, de 21 años.

Otra vez la música quedó asociada a una tragedia.

Otra vez una carrera terminó antes de tiempo.

Rikelvin: entre la música y las acusaciones

La historia de Rikelvin Cornielle también terminó lejos de República Dominicana.

Había comenzado a cantar desde niño y, a los 17 años, se trasladó con su madre a Chile, donde continuó vinculado a la música y se presentaba en discotecas.

El 19 de marzo de 2018, su familia recibió la noticia de que había sido asesinado.

Las autoridades chilenas lo relacionaron con una banda denominada “El coro de la leche”, cuyos integrantes, según las investigaciones, utilizaban las redes sociales para exhibir dinero y contenidos relacionados con actividades delictivas.

Su familia rechazó esas acusaciones.

Su padre, el sargento Juan Cornielle, sostuvo que su hijo nunca había tenido problemas con la justicia y que en Chile se dedicaba exclusivamente a cantar.

La muerte dejó, además del dolor, otra carga para la familia: la necesidad de defender la memoria del fallecido frente a las versiones que comenzaron a circular sobre su vida.

MC Yow: un crimen captado por una cámara

En San Francisco de Macorís, el nombre de Juan Joel Durán, conocido como MC Yow, también quedó ligado a una muerte violenta.

Tenía 29 años cuando fue asesinado a finales de enero de 2021, presuntamente por una deuda.

El crimen quedó registrado en una cámara de seguridad.

Dos personas fueron arrestadas, entre ellas Alfredo Clase Flores, quien recibió tres meses de prisión preventiva. Otras dos permanecían prófugas, incluida la rapera Natasha Suriel, conocida como “La Real Musa”, quien negó cualquier participación en el hecho.

Una cámara pudo registrar el momento.

Pero ninguna imagen puede devolverle la vida a una persona.

Flow Letal: otra muerte en Santo Domingo Este

El 2 de diciembre de 2024, la violencia volvió a tocar las puertas del género urbano.

Ambioris Pedro Santana, conocido como Flow Letal, fue asesinado en un salón de belleza del sector Los Frailes, en Santo Domingo Este.

Meses después, la Policía Nacional informó que había ultimado a tiros en El Cercado, San Juan, a un hombre identificado como “Yondrey”, señalado como responsable del crimen.

Otra investigación.

Otro artista muerto.

Otra familia enfrentando una ausencia que ningún escenario puede llenar.

Melvin Flow: una muerte todavía rodeada de interrogantes

En febrero de 2025, Melvin Odalis Ramírez, conocido como Melvin Flow, de 40 años, fue encontrado muerto dentro de una Honda CR-V en Friusa, Bávaro.

Presentaba una herida de bala.

El hallazgo ocurrió durante una mañana de domingo, en las proximidades de establecimientos hoteleros de la zona.

Su muerte se sumó a una lista que, con el paso de los años, ha ido adquiriendo nombres, fechas y circunstancias diferentes, pero con un denominador común: vidas vinculadas a la música urbana que fueron interrumpidas antes de tiempo.

Una generación que no alcanzó a ver el final de su historia

No todos murieron de la misma manera.

El Cirujano Nocturno falleció por una enfermedad.

Monkey Black murió apuñalado.

Boy Summa Benz y Diddy Glow fueron víctimas de ataques a tiros.

Otros casos permanecen rodeados de interrogantes, investigaciones o versiones encontradas.

Por eso sería simplista colocar todas estas historias bajo una misma explicación.

Pero existe un elemento que sí las conecta: la juventud y la interrupción abrupta de carreras que todavía tenían capítulos por escribir.

Son artistas que, en diferentes momentos, representaron barrios, calles, experiencias y sueños.

Algunos llegaron a escenarios internacionales.

Otros apenas comenzaban a recibir los primeros frutos económicos de años de sacrificio.

Algunos dejaron decenas de canciones.

Otros dejaron apenas una promesa.

Y detrás de todos quedaron madres, padres, hijos, hermanos, parejas y amigos obligados a aprender a convivir con una ausencia que nunca estuvo contemplada en sus planes.

Cuando la música pide justicia

La tragedia de Diddy Glow vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que trasciende al género urbano:

¿Cuántos talentos tendrán que desaparecer antes de que la violencia deje de convertirse en el punto final de sus historias?

El movimiento urbano ha demostrado capacidad para transformar la marginalidad en música, la precariedad en creatividad y las experiencias de barrio en expresiones capaces de conquistar grandes escenarios.

Pero también ha tenido que despedir demasiados jóvenes.

Demasiados nombres.

Demasiados sueños interrumpidos.

Quizás por eso las rimas pronunciadas frente al féretro de Diddy Glow tuvieron un significado distinto.

No eran versos de batalla.

No buscaban un ganador.

Eran palabras contra el olvido.

Porque cuando un artista muere demasiado joven, no desaparece solamente una persona.

También se apaga una voz, se interrumpe una historia y queda suspendido, en algún lugar entre la memoria y el silencio, todo aquello que todavía pudo haber sido.

Diddy Glow tenía 31 años.

El Cirujano Nocturno, 22.

Monkey Black, 27.

Boy Summa Benz, 29.

MC Yow, 29.

Otros murieron también antes de tiempo.

Y todos dejaron la misma sensación amarga:

había todavía demasiados versos por cantar.

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