Por Junior Martínez
En las últimas contiendas, desde el 2017 a la fecha, el partido de gobierno ha mostrado debilidad en los diferentes gremios Profesionales, Estudiantiles y otros, tanto así que para ganar algunos ha tenido que valerse de aliados para mantenerlos.
Según la última Gallup, 49% de la población no sabe quien es el líder de la oposición, lo cual arroja un empate técnico entre Luis Abinader, Leonel Fernández y Danilo Medina. Desde el 2012 el partido PRD redujo su simpatía de un 42.1% a un 4.4%, el PRSC descendió de 3.0 a 2.1 y el PLD a pesar de mantenerse en el gobierno, ha disminuido de 46.8% a 38.6%.
La avergonzada derrota en la Asociación Dominicana de Profesores (c), Colegio Médico Dominicano (CMD), más todas las derrotas que han venido recibiendo en la Universidad Autónoma De Santo Domingo (UASD), estas combinaciones en todos estos gremios debe llamar fuertemente la atención del partido de gobierno.
Por otra parte, la oposición ha jugado un gran papel en cuento a gremios se refiere, pero al final del túnel, llámese elecciones presidenciales, estos llegan desgastados y con pocos esperanzas de alcanzar la victoria, lo que a los jóvenes que miramos más allá de la curva, nos llama a preocupación, debido a que se necesita un equilibrio (balanza) en el sistema político dominicano, donde el relevo se pregona, pero no se viabiliza, aquí los políticos tradicionales temen ser sustituidos por jovenes, pero no se dan cuenta que ellos ya no conectan con la realidad nacional, que ya sus discursos no llenan las necesidades de la gente, que no son creíbles, lo que llena de preocupación a los partidos políticos que extrepitozamente ha ido sucumbiendo en el escenario político nacional.
Si embargo, las luchas internas han venido debilitando el sistema partidario, siendo un ejemplo histórico las divisiones sufridas por el PRD, en los últimos 10 años en el PRSC y en los últimos 6 por el PLD, situación está que de no corregirse de la mano de las nuevas generaciones partidarias y el relevo, terminarían en daños irreparables para la democracia y con consecuencias catastróficas.
Sin temor a equivocarnos, el fortalecimiento debe empezar desde abajo, iniciando por barrios, seguido por los gremios, hasta llegar aglutinar una fuerza real y creíble, que brinde confianza al pueblo y pueda dirigir las riendas endeudadas de nuestra República Dominicana.





