La Prensa Local en Santo Domingo Este: Entre el Silencio Institucional y la Resistencia Ciudadana

Por Darwin Feliz Matos

Santo Domingo Este, el municipio más grande de la República Dominicana, cuenta con una vibrante y comprometida red de medios de comunicación locales que, a pesar de su importancia estratégica en la formación de la opinión pública y la defensa de los intereses comunitarios, continúan siendo ignorados, subvalorados y, en muchos casos, marginados por el Ayuntamiento que debería ser su mayor aliado institucional.

Los medios locales en Santo Domingo Este no son simples canales de difusión: son cronistas del acontecer cotidiano, voces amplificadas de comunidades olvidadas, y testigos de una realidad que no siempre llega a los grandes titulares nacionales. Han estado ahí en las buenas y en las malas, reconociendo las gestiones positivas, pero también denunciando las deficiencias de los funcionarios. No obstante, esta labor ha sido respondida por la actual administración municipal con desdén y exclusión.

Presupuesto y preferencias: ¿quién merece la pauta?

Una de las críticas más contundentes gira en torno al uso del presupuesto publicitario de la Alcaldía. Según fuentes confiables del sector, más del 90% de los recursos destinados a publicidad institucional se canalizan hacia medios de comunicación externos al municipio. Esto, además de ser una clara inequidad, contradice el principio de territorialidad y despoja a los medios locales del derecho legítimo de ser parte del ecosistema informativo que ellos mismos han ayudado a construir.

No se trata únicamente de una mala distribución de recursos: se trata de un uso político de los fondos públicos. En lugar de fomentar una prensa libre y plural, el Ayuntamiento parece priorizar medios que le garantizan una imagen positiva, aunque estén desconectados de las realidades de Santo Domingo Este. De hecho, varios comunicadores locales han denunciado que han sido excluidos de toda colaboración institucional tras emitir críticas legítimas sobre la gestión del actual alcalde.

El contraste con administraciones anteriores

Resulta inevitable la comparación con figuras como Juan de los Santos (Juancito), quien, más allá de las diferencias editoriales, mantuvo una relación de respeto y colaboración con los medios locales. Durante su gestión, no importaba cuán incisivo fuera un periodista: Juancito reconocía su rol, los recibía, compartía con ellos, y nunca utilizó la pauta como mecanismo de castigo.

Manuel Jiménez, por su parte, también adoptó una política de inclusión hacia los medios locales, manteniendo la tradición de apoyar a quienes verdaderamente documentan la realidad del municipio. Incluso Alfredo Martínez, en su momento, comprendió el rol estratégico de la prensa local para mantener informada a la ciudadanía.

El panorama actual rompe con ese legado y plantea una pregunta preocupante: ¿cuál es la visión de esta administración sobre la libertad de prensa y la participación comunitaria?

¿Qué se espera de los medios locales?

Claro está, también corresponde a los propios medios y periodistas locales una profunda autocrítica. En los últimos años, la proliferación de actores sin formación profesional ha debilitado el oficio, restándole credibilidad a la labor periodística. La ausencia de filtros y la falta de compromiso con la ética y la verdad han abierto un espacio para improvisaciones, opiniones ligeras y prácticas poco profesionales.

No podemos exigir respeto si no nos respetamos entre nosotros. Urge elevar los estándares del periodismo local, retomar el compromiso con la veracidad, la investigación y el análisis riguroso. No es suficiente tener una cámara y un micrófono: hay que tener preparación, criterio y, sobre todo, vocación de servicio.

La paradoja del poder político

El distanciamiento de la actual administración con los medios locales no solo es una señal de desprecio institucional: también es una jugada política arriesgada. En el municipio más grande del país, donde la población se informa fundamentalmente a través de sus canales comunitarios, ignorar a los medios locales es, en efecto, cerrarse puertas en futuras aspiraciones.

Porque cuando llegue el momento de hablar con la gente —con esa misma gente que no aparece en las pautas del Distrito Nacional—, será la prensa local la que tendrá la llave del diálogo auténtico. Y para entonces, quizás sea demasiado tarde para reconstruir puentes que hoy se están quemando con cada acto de indiferencia.

Ni mendigos de pauta ni peones del poder

Los medios locales de Santo Domingo Este no piden limosnas. Exigen respeto, reconocimiento y equidad. Rechazan ser utilizados como instrumentos de propaganda y se niegan a ser silenciados por la amenaza del presupuesto.

El periodismo local es vital para la democracia municipal. Y cuando se le margina, no solo se afecta a los periodistas: se castiga a una ciudadanía entera que pierde su derecho a estar bien informada.

Por eso, es hora de que el Ayuntamiento de Santo Domingo Este revise su política de comunicación y comprenda que apoyar a la prensa local no es un favor, es una obligación democrática. Porque sin medios libres, no hay comunidad informada. Y sin comunidad informada, no hay gestión que se sostenga.

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