Por Nelson Marte
Cuando ya era evidente que el gobierno Abinader tendría una impronta en la que el afán institucionalista y la honestidad administrativa correría en parejas con una tupida relación de construcción de infraestructuras en todo el territorio nacional -allá a mediados de enero de 2023- el presidente Danilo Medina proclamó que el del PRM y aliados era un gobierno de muchos picazos y palazos (apertura de obras) y pocos tijerazos (corte de cintas en inauguraciones).
Luego de permanecer en el poder por 20 largos años y tras ser instalados en el gobierno por Joaquín Balaguer mediante las “mejores” artes de quien se confesó por escrito y por propia voluntad cortesano de la terrible era de Trujillo, Danilo y Leonel Fernández empezaban a partir de 2020 a ensayarse como líderes opositores.
Así como desde el gobierno practicaron las peores prácticas de la mala política, aprendidos de su nuevo guía y líder, Balaguer, venían a la oposición a seguirle sus pasos, a denunciar pobreza, altos precios y otras calamidades sistémicas que golpean al pueblo, pero que no solucionaron durante su permanencia en el poder.
Desde el principio del gobierno Abinader articularon un discurso de alegres denuncias, usando el ejército mediático que armaron en el gobierno que el pueblo llamó “bocinas”, y que ahora incluye agentes del exterior para difamar e injuriar a funcionarios.
Desde l@s bocinas que caracterizan como mer@s sicari@s hasta quienes postulan como alegadas figuras y medios independientes, todos siguen de manera engañosa el mismo libreto, pues todos mantienen una estrategia mediática de acoso y derribo contra el gobierno.
Ahora, cuando el gobierno ha sembrado el territorio nacional de miles de obras viales, acueductos, centros hospitalarios, escuelas, centros de Infotep, de nuevas extensiones de la UASD, del ITLA y Centros Tecnológicos Comunitarios; cuando ya no pueden acusar que la administración del PRM y aliados no construye, han cambiado el chucho y se dedican a lanzar dudas sobre la diafanidad y pulcritud con que son construidas las obras públicas y prestados sus servicios sociales.
El más beligerante en esa política es el doctor Leonel Fernández. Ya más atrás acusó al gobierno de no aplicar con derechura los fondos para realizar un conjunto de obras públicas con fondos provenientes de la renegociación de Aerodom.
Se lazó Leonel sin paracaídas a cuestionar con bravura la determinación del presidente Luis Abinader de cumplir el mandato de la ley de los hombres, y la de Dios, en lo atinente a universalizar los servicios de Senasa, en fortalecimiento de la equidad y cohesión social.
Digo “sin paracaídas” porque lo mismo que denunció en estos días, la necesidad de inyectar más fondos al SENASA para apoyar la cobertura a sus beneficiarios fue denunciado en este periódico HOY, por la Sisaril el 28 de julio de 2012, de lo que justamente se cumplen 13 años en el día de hoy, en el último gobierno de precisamente Leonel Fernández.
Y ahora osa cuestionar la corrección con que han sido invertidos los recursos para la circunvalación de Baní.
En realidad, Leonel no debería hacer cuestionamientos sobre construcciones y obras públicas hasta que no le diga al pueblo por qué Danilo destituyó de tan mala manera a Diadino Peña de la OPRET.
Leonel debe responder porque Diandino fue uno de “los hombres del Presidente”, en tiempo de gobierno del hoy presidente de la FUPU, y estoy seguro de que a Danilo le interesará aclarar el tema ante el pueblo porque se le puede acusar de otras cosas, pero no de ser un jefe arbitrario e injusto.
En estos pocos casos citados la incoherencia del presidente Leonel Fernández conlleva a que los ciudadanos nos preguntemos si estas posturas son por malas prácticas políticas, como un discurso demagógico para engañar al pueblo, o debilidad de carácter de un Dr. Merengue que por una cara dice una cosa y con otra algo muy distinto.





