Mi renuncia ya ocurrió, las causas que la provocaron siguen esperando

«Es más fácil atacar a quien plantea los problemas estructurales de frente, que discutir los mismos»

Por Antonio Taveras Guzmán

Hace dos semanas tomé la decisión de asumir mi rol de senador de manera independiente. No fue sorpresa para mi que una gran cantidad de voces se hayan activado, algunas desde la empatía, otras desde la curiosidad pero la gran mayoría desde el ataque. Nada atípico en un país donde “matar el mensajero” es la táctica política por excelencia.

Es esa actitud en política la que explica la ausencia de debate. Es más fácil atacar a quien plantea los problemas estructurales de frente, que discutir los mismos. ¡No maten al mensajero!. La democracia se fortalece cuando existen espacios para disentir, y entender esto le ha costado sangre, sudor y lágrimas a nuestro país.

Pero a pesar del diluvio de opiniones, epítetos, y apoyos, las causas que provocaron mi decisión siguen ahí. Déjenme ser más específico.

Seguimos requiriendo que una voz, en un programa matutino, ponga el foco en las reformas estructurales que el país demanda. Las mismas con las que nos comprometimos ante un pueblo movilizado en las calles y que salió a votar masivamente porque creyó que esta vez sería diferente.

La reforma educativa no termina de transformar las aulas. El sistema eléctico sigue siendo una herida abierta y tremendamente cara. La salud pública lacera la dignidad de miles de familias dominicanas, que tienen que elegir entre el medicamento o la comida. La seguridad social no llega a quienes debe llegar. ¿Alguien quiere debatir eso? ¿o es más cómodo hablar de mi lealtad o de mi renuncia?

El clientelismo no tiene quien le escriba. Lo digo no como un concepto académico sino como una realidad que destruye la democracia desde adentro. El clientelismo convierte el derecho en favor. Convierte al ciudadano en cliente. Y convierte al político en distribuidor de migajas a cambio de votos. Pero sobre esto parece que es mejor no decir ni hacer nada porque no es “políticamente correcto”.

Hoy hacen falta militantes de la transparencia, de la lucha contra la corrupción y contra la impunidad como condición mínima para que cualquier proyecto de país funcione. Una lucha contra la corrupción que tiene excepciones no es una lucha contra la corrupción, es una selección. Y las selecciones generan la peor de las percepciones, que hay corruptos buenos y corruptos malos.

Cuando digo que las causas siguen ahí es porque, aunque es un secreto a voces, debemos debatir una necesaria reorganización fiscal, sin embargo hoy todos quieren esquivar el tema. En 2018 la llamé revolución fiscal y generó debate. Hoy la llamo urgencia fiscal. La República Dominicana tiene una estructura tributaria que castiga a los que menos tienen y perdona a los que más tienen.

Desde hace 10 años vengo hablando de un nuevo modelo de desarrollo, y bajo esta visión país fui parte de la coalición que apostó por el cambio en el 2020. La provincia Santo Domingo y el país, no pueden seguir dependiendo de las remesas y el turismo para sobrevivir, necesitamos producir. Necesitamos empleo formal, digno, que genere movilidad social real. ¿Alguien quiere hablar de esto?.

Salí convencido de que aún hay mucho por hacer, y confieso que albergo la esperanza en que muchas de esa voces que optaron por el silencio, ante la duda, comiencen a levantarse a favor de esas causas, pero sobre todo a favor del país.

Las tendencias con epítetos en X ya fueron noticia, la línea de ataque debe menguar y la sensatez tomar el timón para, con cabeza fría, sopesar las causas. Así que si quieren debatir, aquí estoy. Pero hablemos de las reformas, hablemos del clientelismo.

Mi renuncia ya ocurrió. Las causas que la provocaron siguen esperando.

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