Tenía 76 años. Durante más de una década representó a Monte Plata en el Senado y fue reconocido, incluso por sus adversarios, como una de las mentes más preparadas y firmes de la política nacional.
Por Darwin Feliz Matos
Santo Domingo.– La política dominicana amaneció este viernes con un silencio distinto, de esos que pesan. Ramón Alburquerque Ramírez, expresidente del Senado de la República, ingeniero, dirigente político y voz crítica de varias generaciones, falleció tras perder la batalla contra un cáncer de hígado.
La noticia fue confirmada por su familia a través de redes sociales. Su hija, Mónica Alburquerque Mora, despidió a su padre con palabras que mezclaban orgullo y desconsuelo:
“Hoy, con el corazón en las manos, despedimos a nuestro amado padre… fuiste un hombre de principios firmes, ideas visionarias, espíritu inquebrantable y un amor inmenso por tu familia y tu patria. Tu legado será nuestra brújula. Descansa en paz”.
La frase, íntima y serena, resumía lo que fue su tránsito público: convicciones sin titubeos y una vida atada a la cosa pública.
Alburquerque fue, durante décadas, una presencia constante en los pasillos del poder. Presidente del Senado entre 1998 y 2001, senador por Monte Plata desde 1994 hasta 2006, secretario de Estado, dirigente partidario y estratega, construyó una carrera larga, a veces áspera, siempre intensa. Sus colegas le reconocían preparación técnica, memoria histórica y un carácter que no conocía medias tintas.
Nacido el 5 de junio de 1949 en Monte Plata, se formó como ingeniero químico en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Más tarde, impulsado por una beca y la cercanía de Juan Bosch con su familia, amplió estudios en la Universidad de Kansas, donde incorporó la computación a su perfil técnico. Continuó especializándose en planificación y desarrollo económico en Canadá y en la PUCMM. Esa mezcla de academia rigurosa y vocación política marcaría su estilo: datos, argumentos y firmeza.
Ocupó posiciones clave en el Estado: secretario de Economía, Planificación y Desarrollo durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco; presidente del Senado; titular de Refidomsa; presidente de la Comisión Nacional Técnica Forestal. También dirigió el Partido Revolucionario Dominicano y participó en la fundación del Partido Revolucionario Moderno, donde en 2023 presentó su precandidatura presidencial.
Pero más allá de los cargos, Alburquerque se convirtió en un símbolo de carácter. Su nombre quedó grabado en la memoria política por aquella consigna lanzada en 1999, en medio de tensiones por el control de la Liga Municipal Dominicana: “¡Entren to…!”. No fue solo una frase airada, sino una declaración de estilo: avanzar sin retroceder.
Así era él: frontal, incómodo para el poder cuando creía que se desviaba. Cuestionó a presidentes de su propio partido, pidió moderación a Hipólito Mejía y años después criticó decisiones del gobierno del PRM. Para Alburquerque, la lealtad nunca estuvo por encima de sus principios.
En las últimas semanas, su salud se había deteriorado. Viajó entre Estados Unidos y República Dominicana buscando tratamiento. El pasado 19 de enero regresó al país. Hoy, su nombre deja de sonar en los debates y se instala en la memoria.
Su muerte enluta a la clase política y cierra una etapa de aquella generación que discutía con vehemencia, citaba la Constitución de memoria y entendía la política como un combate de ideas más que de eslóganes.
Se va Ramón Alburquerque, el ingeniero de voz fuerte y convicciones duras. Queda su historia, tejida entre luchas, discursos y desacuerdos, como esas páginas que el tiempo no borra, solo vuelve más humanas.
La familia informará oportunamente sobre las honras fúnebres.





