Por Nelson Marte
En ocasión de que el presidente Luis Abinader cumplió el mandato constitucional que le ordena presentar en un discurso al país las memorias de las acciones desarrolladas por el gobierno en 2024, se ha evidenciado de nuevo el flaco desempeño de la oposición en beneficio del pueblo.
El presidente presentó un exhaustivo inventario de datos, números, hechos y realizaciones, procesos institucionales, pero la oposición pretendió descalificarlo antes de que el discurso viera la luz.
Difundidas las memorias presidenciales las principales figuras de la oposición inundaron la prensa con un montón de frases hechas, clichés repetitivos, gastados supuestos, no molestándose ni siquiera en refutar algunos de los datos presidenciales.
Los dominicanos llevamos ya los 5 años de gobiernos del PLD y aliados conociendo las respuestas prefabricadas a los discursos presidenciales, tanto así que ya resultan aburridas.
Esas respuestas prefabricadas son tan deficientes que no ilustran al pueblo sobre lo que debe ser un debate contrapunteado sobre sus problemas y soluciones, y ni siquiera sirven a los opositores para encantar o reencantar adeptos nuevos o perdidos.
Sabido es que la oposición está para cuestionar al gobierno, pero esa oposición no puede llegar al nivel de negacionismo de ni siquiera reconocer medidas concretas adoptadas por el gobierno, que en vez de una retórica recalcitrante, cerrada a banda, proponga enmiendas, arreglos, mejoras.
A Leonel Fernández y Danilo Medina alguien debe decirle que nadie cree que los datos de mejoras institucionales y económicas de nuestro país en lucha anticorrupción e impunidad, en combate al narcotráfico, el crimen y la violencia; los lugares ganados en transparencia y gobernabilidad política y social, son producto de lobismo.
Que los logros en recuperación y crecimiento económico, en bienestar social, que saludan y validan el Conep, la AIRD, ADOEXPOCO, Transparencia Internacional, el FMI, Banco Mundial, el BID, el gobierno de Estados Unidos y todos los países gratamente sorprendidos con el liderazgo efectivo y sereno de Luis Abinader, es porque son apañadores del presidente de un pequeño y hasta hace poco ignorado paisito como el nuestro.
La difusa retórica con que las figuras de oposición han arremetido contra las memorias del presidente, han devenido en un merengue sin letras, como aquel que interpretaba La Artillería hace más de 30 años, con la diferencia de que aquella agrupación musical reconocía que su pieza NO DECÍA NADA, pero disparaba mambos y ritmo, y los líderes opositores ni dicen NADA ni tienen mambo y mucho menos ritmo, tan desafinado es su merengue.
Los ciudadanos directamente beneficiados por las miles de carreteras, caminos vecinales, puentes y badenes; acueductos, centros de atención primaria, hospitales; que reciben los beneficios del Seguro Familiar de Salud o del Servicio Nacional de Salud; a los que les están integrado a sus niños desde los tres años al sistema educativo, y a todos los por vez primera les están entregando libros de texto y transporte escolar gratuito, seguro y puntual, deben estarse preguntando si es que los opositores no conocen de esos datos de la realidad.
Los dominicanos que saben cómo los combustibles y otros artículos no suben de precios por los subsidios gubernamentales; los que saben que en 2024 logramos exportaciones récords; que alcanzamos más de 5 millones de empleos, cifra nunca alcanzada, empleos que llevan dignidad y decoro a sus hogares.
Todos los que han visto cómo se consolidan niveles de institucionalidad que aseguran tribunales electorales imparciales, un poder judicial no dirigido por capataces políticos; a un presidente renunciar a parte de su poder para quebrar la maldita ambición continuista y asegurar la estabilidad política futura; que dirige un gobierno en el que a los corruptos que se le evidencian hechos se ponen a disposición de la justicia.
Ante todas esas evidencias y muchísimas más mostradas por el presidente en sus Memorias, que no son “cuentos” ni “media verdades”, es una falta de respeto al pueblo y a ellos mismos que las figuras de oposición pretendan salirse por la tangente con repetitivo y gastado merengue sin letra.





